Tercer trimestre del tercer embarazo. Jodida pero contenta, y mira, ¡sigo viva!

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Cuando me preguntan como estoy del embarazo suelo responder que bien, que no me puedo quejar.

Y vamos no me quejo. Por lo menos en la calle, en casa soy pesada. El único que me aguanta mi medio limón que es con el que me quejo. Con los demás procuro no protestar. Estoy embarazada. Así que algo fastidiada debo de estar, pero tampoco es cuestión de atormentar a la humanidad con mis dolores y reumas varios.

¿Cómo he llegado a este último trimestre del embarazo?

Jodida pero contenta. Ante todo actitud.

Lumbago embarazo– Por las noches tengo un dolor de espalda (zona de las lumbares) que me hace andar cual Jorobado de Notre Dame aderezado con Chiquito de la Calazada que en Paz descanse. Yo como homenaje le emulo todas las noches. Desde aquí un saludo Chiquito.

-Las paredes del pasillo son mi salvoconducto por las noches cuando salgo al baño una media de cuatro veces. Me sujetan y evitan que me caiga de cabeza (o de tripa contra algo) a la vez que mi pose de Jorobado se va transformando en Chiquito. Son apenas 4 metros en los que alguna vez se me ha pasado toda mi vida por delante.

Regalo niños– No he dado en adopción todavía ningún hijo. Mi paciencia con ellos puede ser desbordante y parezco un oso amoroso. En otras ocasiones parezco un yorkshire cabreado que ladro a todo el que pillo. Pero con los niños suelo tener más paciencia que otra cosa.

Dormir en el embarazo La almohada de embarazo para dormir sigue siendo la causante de que duerma (algo) y descanse por las noches. Lastima que mi hijo tenga la misma necesidad de utilizar la almohada para dormir que yo y se apodere de ella todas las noches. Por las noches en alguno de los viajes que hago por el pasillo entro en su habitación, le doy un beso y le tapo. Y a mi hijo también. Me despido de la almohada y del niño hasta la mañana siguiente. Nadie dijo que ser madre de familia numerosa fuera fácil y a las pruebas me remito.

Embarazada hospital– En cuanto al tema de cómo apañarnos para llegar al hospital (lo tengo a 170 km de casa) cuando me ponga de parto seguimos igual. Íbamos a hacer prácticas estas navidades y hacer un par de incursiones a Zaragoza para buscar el camino más rápido y sentirnos mejor con nosotros mismos pero al final hemos decidido pensarlo desde Google Maps. Cada vez veo más cercano el momento y me estresa pensarlo. Por las noches pensar en eso me desvela. 

También si pienso en la epidural o en morirme. Pero no creo que me muera, la epidural me la tendrán que poner sí o sí y al hospital espero llegar. Si no llego me ahorro la epidural. Lo malo que del susto igual me muero. Hablan de los miedos de las primerizas. Estos son los miedos de las tripitidoras de pueblo un poquito paranoicas y con miedo a las agujas.

Estoy embarazada no gorda– Sigo engordando, me siguen llamando barrigona y sigo sin decidirme qué silla a contra marcha comprar y qué método de porteo utilizar. No tengo bolsa del hospital ni habitación para el bebé. Eso sí, tengo bolsones a de ropa heredará de sus hermanos. Mucha.
Llevo fatal lo de no comer jamón. Por eso como. Mi hija que es como la voz de la conciencia me recuerda que no tengo que comer.

 Así que me como la chicha y me dejo lo blanco. Sé que no sirve para nada este truco pero yo me quedo tranquila y la niña también. La verdad que no abuso, pero si me tengo que dar un homenaje me lo doy. En el primer embarazo veía jamón y me daba hasta asco de lo concienciada que estaba. La evolución de perderle el miedo al jamón a lo largo de los tres embarazos es brutal. Si tuviera un cuarto bebé, algo que no me planteo, lo llamaría Jamón.

Embarazo agil-Estoy más ágil que en los otros embarazos. El único problema es hasta que me enderezo. Pero una vez enderezada me convierto en Forest Gump y aguanto mucho andando. 

Aunque bueno el motivo principal igual es que tengo muchas ganas de sacar al canijo de aquí adentro y como andar es lo único que puedo hacer….claro, que sigo trabajando, y sin vistas a coger la baja. Soy autónoma y si mi lumbago me lo permite estaré trabajando hasta el día que me ponga de parto. 

Si lo sé, es de idiotas, pero no me queda más remedio, y así tendré una bonita historia con la que torturar a las futuras madres “yo estuve trabajando hasta el día que me puse de parto”. Ellas pensarán que soy un poco lerda, pero yo me sentiré realizada. Al menos a algunas les funciona, será cuestión de probar.

Monnesia embarazo– Mi memoria de pez está alcanzando cotas inimaginables. Por suerte con las vacaciones de Navidad de los peques se ha hecho menos evidente. Ayuda bastante que no me lleguen notas en la agenda de los niños solicitando material o poniendo reuniones a la hora de la siesta

No tengo la sensación de vivir al límite de mis posibilidades teniendo que llevar a los niños, a la hora del recreo, las cosas que se nos olvidan, y dárselo por la valla de manera clandestina como si de una vista carcelaria se tratara.

 El gorro de papá Noel de la función de del mayor de Navidad se encargó mi cuñada de que el niño lo llevara al cole. El atrezzo de la pequeña de la función de navidad se encargó la madre de su mejor amiga. No se lo pedí. Se ofreció voluntaria. Da gusto estar rodeada de gente ordenada. 

Yo llegue a verles a la función y sabía la hora de la actuación y la letra de las canciones que iban a cantar. Me siento muy orgullosa.

Como os decía al principio….lo fundamental es la actitud.

Me encantaría saber tu opinión sobre este tema. De todas formas ¡Gracias por leerme!