Nadando contra corriente. Cuando decides dejarlo todo.

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Cuando aún no teníamos hijos mi “casimarido” y yo vivíamos en Madrid, pero veníamos al pueblo prácticamente todos los fines semana. En aquella época siempre imaginábamos como sería vivir siempre en el pueblo. No tener que volver a Madrid todos los fines de semana. Sentíamos una envidia sana de la gente que vive en los pueblos. El relax, la sencillez de las cosas, la inexistencia de distancias….En los viajes de vuelta a Madrid a menudo imaginábamos como seria nuestra vida si vivíamos en un pueblo.  Una casa con jardín donde criar a nuestros hijos, largos paseos con nuestro perro, tiempo para hacer lo que nos gusta….Nos prometíamos que algún día seriamos de pueblo.

Nuestro día adía en cambio era bien diferente. Vivíamos en Madrid, y tras haber ido a la universidad teníamos un trabajo de lo nuestro. ¿De lo nuestro? Confuso concepto.. ¿Qué es de lo nuestro?…¿Tener un horario agotador de lunes a viernes (en el mejor de los casos), y estar esperando a que llegue el sábado para poder hacer algo con los tuyos?¿Eso es trabajar de lo nuestro? Pues a mí que me devuelvan el dinero, que esto no es lo que yo pensaba cuando era pequeña….

Aún así no vivíamos mal, así que sin darnos cuenta íbamos dando los pasos necesarios para alejarnos de nuestro sueño. Nos estábamos acomodando a Madrid, habíamos firmado una hipoteca, íbamos adquiriendo más responsabilidades en nuestro puesto de trabajo….en fin…la vida nos iba como se supone o se espera que te tiene que ir.  Aún así no dejábamos de mirar de reojo la vida de pueblo.

Y entonces en el 2009  llegó él, llegó mi primer hijo y mi mundo se puso patas arriba, todo se volvió un caos. Un bebé de alta demanda, una especie de depresión post parto y una modificación del trabajo de mi marido con su consiguiente aumento de responsabilidades junto la soledad de no tener a nadie cerca hizo que pasáramos momentos muy duros. Mi marido entonces se volvió esclavo de su trabajo. Era un esclavo pero “de lo suyo”, ¡así que para qué quejarse!

Al final lo que se suponía que tenía que ser una de las mejores épocas de nuestra vida se convirtió en una pesadilla. Fueron momentos muy duros de los que muy poca gente fue consciente. Se supone que teníamos que ser felices. Todo nos iba viento en popa o al menos todo iba como se empeñan en contarnos que tenía que ser nuestra vida. Pasamos noches en vela mientras mi chiquitín no paraba de llorar y nosotros de acunarlo e intentar animarnos. Una de esas noches le pedí a mi marido que nos sacara de allí. Que esa no era la vida que habíamos imaginado. Recuerdo que me dijo que haría lo imposible por irnos a vivir a un pueblo. Tal y como siempre habíamos soñado. Que algún día viviríamos nuestra vida. Una vida nuestra.


Con el tiempo las cosas fueron mejorando. Ya no éramos 3, éramos 4 en la familia, todo volvía a rodar y el mundo ya no me parecía tan caótico, poco a poco volvíamos a entrar en la rutina de la vida de ciudad. Aún así seguíamos soñando con algún día la volver al pueblo.

Un día mi marido me llamó y me dijo que había conseguido lo imposible, y que nos iba a sacar de allí, que si yo quería nos íbamos al pueblo. No lo dude y le dije que sí, que quería. Recuerdo ese día como uno de los mejores de mi vida.  Nuestro sueño empezaba a hacerse realidad. Podríamos criar a nuestros hijos como queríamos. Lo hacíamos todo por y para nuestros niños.

Desde aquel día tardamos dos meses en mudarnos. Fueron dos meses de dudas, de miedo, de incertidumbre, de noches en vela pensando en todo. Nuestro entorno no nos ayudó mucho. El rechazo de parte de nuestra familia, la incomprensión por parte de muchos de nuestros amigos, sentirnos cuestionados por todo nuestro entorno. La decisión que estábamos tomando muchos la entendieron como un fracaso, como un paso atrás. Todos se atrevían a cuestionarnos e incluso a avergonzarse de nosotros. Solo contamos con el apoyo incondicional de cinco amigos y de mis padres.

Al resto de la gente de nuestro alrededor le parecía que estábamos cometiendo el error de nuestra vida. Todos sabían lo que era mejor para nosotros, pero nadie sabía lo que habíamos pasado. Nadie sabía lo que habíamos llorado por querer lo imposible, y menos aún sabían lo fuerte que nos había hecho. Que sentimientos tan contradictorios saber que estás haciendo lo correcto y tener que convencer a todo tu entorno a cada paso que das.

Hace poco cumplimos dos años viviendo en el pueblo. Mi marido está trabajando. Hemos creado un negocio y criamos a nuestros hijos rodeados de la mejor tribu que se puede desear. Tenemos nuestro proyecto de casa con jardín y poco a poco se va transformando en la casa con la que soñábamos. Conciliamos y disfrutamos de nuestros hijos. Ya no lloro por las noches, ya no siento angustia, ahora me siento feliz.

Muchas noches cuando mi hijo se está quedando dormido le digo que le quiero, que siempre le he querido, y que aunque mamá al principio no estuvo a la altura él cambió mi vida entera y que junto a su hermana son el principal motivo para mover el mundo. Que lo moveré las veces que haga falta por ellos.

Estoy convencida de que si no hubiéramos pasado tanto cuando nació nuestro primer hijo no nos hubiéramos hecho tan fuertes como para superar la presión que tuvimos en contra cuando decidimos vivir en un pueblo. Todo el mundo se cree con derecho a opinar y cree que sabe lo que es lo mejor para los demás.  Pero solo uno mismo sabe el camino que ha andado para llegar a tomar una decisión.

Estoy segura que de no ser por la época tan dura que pasamos con el nacimiento de mi hijo nos hubiéramos acabado acomodando a Madrid y nunca hubiéramos salido de Madrid. Hubiéramos vivido una vida que no es la que queríamos y quién sabe, quizás nos hubiera acabado pasando factura. Hubiéramos hecho lo qué se supone que es lo correcto, lo que se espera de nosotros, pero no lo que nosotros queríamos.

Con esto no quiero decir que haya que tomar decisiones a la ligera, pero sí que si tienes un sueño luches por cumplirlo, y que debemos ser dueños de nuestras vidas, hagamos con nuestra vida lo que nosotros esperamos de ella, aunque nademos contra corriente. Tu vida es tuya y solo tú conoces el camino que has andado para llegar hasta aquí. Tu dolor lo vas a sufrir tú, nadie lo va a sufrir por ti. Tu vida vívela tú, no dejes nunca que nadie la viva por ti.

16 Comentarios

  1. No te imaginas lo que me identifico contigo!! Estoy totalmente de acuerdo en todo!! Orgullosa de tomar mis propias decisiones, de luchar por cumplir mis sueños para que se conviertan en realidades… orgullosa de no ser una marioneta de la vida.

    Enhorabuena por vuestra decisión. A vosotros os iba la cosa “bien” y se supone que cuando es así es más difícil tomar decisiones, porque la mayoría piensan que mejor quedarse cómo están a cumplir lo que verdaderamente quieren.

    Yo digo no al conformismo.

    Un beso y gracias por tu post.

    • Que importante no conformarse y tomar las riendas de tu vida. Desde pequeños se empeñan en preguntarnos qué vamos a ser de mayores. Crecemos pensando que si no eres lo que los demás esperan de ti no vas a ser nadie. Cuando lo realmente importante es hacer lo que uno siente y tomar las riendas de tu vida. Estoy segura que de no haberlo pasado tan mal cuando nació el mayor y de habernos visto tan solos y vulnerables quizás no nos hubiéramos atrevido a tomar esta decisión. Ahora a toro pasado aún estoy más convencida de la decisión. Pero si por nuestro entorno hubiera sido….

  2. M ha gustado tanto… Hay que ser muy valiente!! A mí también me gustan los pueblos, pero el pueblo donde nací que es donde vivo ya no es un pueblo…no como antes, somos ya 17 mil habitantes! Y a veces me planteo de dejarlo todo e irnos a otro sitio, pero es posible que me falte esa valentía que a vosotros no os faltó.

    • Nosotros no teníamos ningún arraigo con Madrid. No teníamos nada que nos atara, entonces me imagino que es más fácil tomar la decisión. Lo que si estoy segura que de no ser por lo mal que lo pase cuando nació mi hijo tampoco hubiera tenido valor de tomar la decisión. Supongo que son los hechos los que te llevan a decidir. Por eso procuro no cuestionar nunca a nadie en nada jeje. Si tomas algún día la decisión seguro que es para mejor☺️

  3. Me siento identificada contigo y tu reflexión me hace sentirme acompañada. La verdad es que el entorno puede hacer de una decisión difícil (los miedos y las inseguridades siempre están ahí) algo mucho más duro de lo que debería.

    Yo dejé un buen trabajo, un trabajo cómodo pero que nunca quise. Estuve demasiados años ahí, tantos como para acabar desquiciada, un supuesto buen horario, un supuesto buen sueldo, pero la realidad era que mis responsabilidades no estaban pagadas, que trabajaba al 200% mientras mis compañeros iban a medio gas, que a mi se me exigía el doble o el triple porque cuanto más demuestras que puedes hacer algo menos lo valoran. Y con el plus de que, aunque se me daba bien, conocía ese campo y aprendí muchas cosas, en mi caso ese trabajo no era de lo mío.

    Ahora, desempleada y embarazada, aunque contando cada euro que gastamos, me siento mucho más libre y feliz.

    Un abrazo y mil gracias por compartir tu experiencia 😉

    • Lo has dicho muy bien, más libre y más feliz. Yo siempre digo que lo que verdaderamente he hecho sabiendo lo que hacía es tener hijos….en cambio acabar el insti, ir a la uní, buscar “curro de lo mío” etc lo había hecho porque tocaba. ¿Entonces por qué tenemos que dejar de lado nuestra familia para trabajar? Seguro que has acertado con tu decisión. Estando embarazada ya sabes que es así. Ya eres más libre! EnhorabuenA!!

  4. Cuanto más te leo, más me identifico contigo y más me alegro de haber encontrado tu blog. Enhorabuena por él y por vuestra valentía!!

  5. Me he encantado este post. Qué bueno que te reinventaste como madre, como profesionista y como persona. Y que bueno que te diste cuenta que lo q un día te hizo feliz,no tiene que hacerte feliz toda la vida. Creo que nunca nos dijeron que es válido cambiar de sueños. Me siento identificada contigo porque cuando acabé de estudiar el doctorado me di cuenta que ya no quería ejercer mi carrera, que me sentía cansada y decepcionada. Todos me criticaron y me dijeron de la mala decisión que había tomado. Y seguí mi instinto y aquí estoy feliz de la vida cuidando a mi hijo y emprendiendo desde casa, Un abrazo!

Me encantaría saber tu opinión sobre este tema. De todas formas ¡Gracias por leerme!