Expatriados os recibimos con alegría.

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Yo soy de la generación EGB, esa que nos inculcaban el valor de la familia a fuego. Que no existían una vacaciones sin ir a ver a los abuelos, y los que nos íbamos de vacaciones a apartamentos minis y compartíamos camas con los hermanos. Así crecí, junto a mi hermano dos años mayor que yo. Compartiendo una vida y un montón de sueños juntos. Él más reservado, yo más charlatana. Él el mayor, yo la pequeña. Él el sensato, yo la cabeza loca. Él el chico, yo su hermanita pequeña. Vamos, que lo volvía loco, y no me aguantaba ni una. El mamáaaaaaa que el tato me ha pegado!!!!! Pues algo le habrás hecho!! Era la tónica en casa.

Pero crecimos, y los miedos y las inseguridades de la adolescencia, de la universidad, de la maternidad etc. llegaron a mí. Y ahí estaba siempre mi hermano. Llegaron los momentos en los que las preparaba, y ahí estaba mi hermano. Mi hermano siempre se ha desvivido por mi, y yo por él.

Crecimos y tuvimos niños. Yo dos, él otro dos. En dos años mis padres recibieron 4 nietos.

Pero llegó la crisis, y le llovieron las oportunidades. Oportunidades para irse a tomar por saco, perdón muy lejos con su familia. La gran oportunidad de muchos españoles nos decían en la tele. Volver a los años 50 decía mi abuelo, y tener que salir de casa por un coscurro de pan. Entre tantas oportunidades que tenia, al final una le dio en la frente. Y se marcharón lejos. Muy lejos. Tan lejos estaban que para ir había que volar 11 horas.

Desde entonces, mucho he oído hablar de como se sienten los expatriados, los nuestros. Cada uno con un millón historias a la espalda. Todas las navidades, la tele, la misma que nos hace creer que marcharse es maravilloso, nos trae anuncios de la emoción de que vuelvan, por el dolor que pasan los que se quedan.

Es muy duro ver que se marchan, ver su casa vacía con las persianas bajadas, recogerles las cartas del buzón, y que cada vez sea menos frecuente que  haya alguna carta porque su esencia en España va desapareciendo. Es duro que llegue el cumple de tus hijos y que ya no salgan los primos en las fotos acompañándoles para soplar las velas…pero más duro es que sea el cumple de tus sobrinos y no poder darles ni siquiera un abrazo.

Es duro tener que dar una mala noticia sin poder acompañarla de un abrazo. Es duro ver que se marcha un ser querido para no volver, y tener el móvil en la mano estando en el hospital sin atreverte a marcar su número, sabiendo que lo que les vas a decir los va a hundir. Aquí la pena es doble. Por el que se marcha y por el dolor que sabes que les va a generar a los que ni siquiera han podido despedirse.

Es duro, no poder hablar con tu hermano cuando más lo necesitas por el maldito cambio horario y tener que esperar impaciente a que sean las 9 de la mañana de allí para poder llamar.

Es duro vivir sin verles. Es duro vivir sin ellos. Aunque es una felicidad extrema saber que están ahi al otro lado, y saber que están bien.

Hemos aprendido a soplar velas por skype, cantar cumpleaños por WhatsApp y hemos conocido todas las empresas de regalos a domicilio de la ciudad donde viven.

Hemos cruzado medio mundo para verles.

Y llegadas estas fechas, cuando más los necesitas, cuando más los sientes, entonces aparecen. Ellos junto al anuncio de “vuelve a casa por Navidad” , y te pasas el día llorando, con los nervios a flor de piel.

Esta foto es de la primera vez que volvieron a casa por Navidad después de marcharse.

   

Ese año, por primera vez sentí lo que era el espíritu de la Navidad. Desde entonces, es mi fecha favorita del año.

 

 

 

 

 

 

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