¿Con niños de camping? Nuestra experiencia en una caravana.

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Si eres de los que se preguntan qué tal os adaptaréis tú y tu familia de vacaciones en una caravana, en este post pretendo contarte como es nuestra experiencia con la llegada al camping. Sin duda el momento más extresante de toda la estancia.

Si tienes niños entre 3 y 10 años es muy probable que puedas imaginarte con tus hijos en está situación y sentirte identificado. Si tu sentido común te dice que serias perfectamente capaz de soportarlo o piensas que soy una exagerada, probablemente estés preparado para disfrutar con tu familia en un camping.

Si por el contrario te estresas sólo de leerme, sigue pasando tus vacaciones en un hotel o apartamento. El camping directamente no es para ti.

LA LLEGADA AL CAMPING.

Desde el momento que llegas al camping con la caravana comienza la aventura. Si crees que cruzarte media Europa, o media España en el mejor de los casos, con tu casa y todas tus pertenencias enganchadas al culo de tu coche, es lo más fuerte que vas a hacer estás vacaciones estas muy equivocado. Eso habrá sido un paseo en comparación con la llegada al camping.

Si tienes suerte podrás dejar a los peques esperando fuera de la recepción y registrarte en el camping de manera relajada. Si no tienes más remedio que entrar con los peques a recepción, tu pareja y tu tendréis que separaros. Uno deberá encargarse del registro (el afortunado) y el otro tendrá que intentar convencer a los niños de que no necesitan todos los flyers y planos que hay en información. Aunque en la portada haya dinosaurios o leones y menos aún si están en alemán.

Veinte minutos después saldrás de recepción con tu plano del camping, tu llave para meter y sacar el coche, unas pulseritas muy monas que os darán acceso a todas las instalaciones y un taco de panfletos con actividades de la zona que acabaran dando vueltas por el coche hasta el final de las vacaciones.

Genial, estás registrado, ahora tienes que elegir parcela, y tendras que escuchar todas y cada una de las aportaciones de tus asesores de un metro de altura. ¡Ahí! que esos señores tienen dos perros, ¡Mejor ahí que están los toboganes! Normalmente elegiran la más ruidosa, bien por estar pegada al parque infantil  o a la piscina o la más difícil de maniobrar para meter la caravana. Una vez que hayáis elegido la ubicación definitiva, tras un duro consenso familiar toca instalar la caravana.

Instalar la caravana es total. Mi marido dice “indícame” y yo digo a los peques “no os mováis de aquí que papá va a dar marcha atrás”. Para cuando mi marido empieza a dar marcha atrás mis hijos por supuesto no estan donde les he mandado, ni yo estoy indicando a mi marido, porque estoy intentando controlar a mis pequeños. Pasado el susto inicial de casi tirar una farola y casi atropellar a los dos perros de los vecinos de al lado, por fin ubicamos la caravana donde queremos.

Ahora toca poner los estabilizadores, es decir esas patitas que tienen las caravanas que hacen que no parezcan un balancín y se vaya para todos lados cuando te subes.
Los estabilizadores se colocan con una palanca.Y. en nuestra familia ya es tradición hacer cola para darle a la palanca. Los peques giran y giran y no avanzan nada. Así que cuando se cansan es cuando seguimos los adultos, y ya por fin queda la caravana fijada.
En el hipotético caso de que llegue la manguera del agua y de la luz al lugar donde has puesto la caravana y que hayas acertado en la orientación del sol por eso de buscar la sombra, la caravana estará finalmente instalada y podréis pasar a su interior.
Entrar dentro con niños es un caos en si. ¿Sabéis ese momento excitación cuando llegas con ellos a un hotel y no pueden parar de tocar todo y subirse por todos los lados? Pues tal cual, aunque sea la enésima vez que están en la misma caravana.
Pero ánimo , pasado este momento los niños abandonaran la caravana y se dedicarán a ser unos tíos autóctonos de camping. Tras una primera vuelta de reconocimiento es probable que se conozcan el camping, incluyendo la piscina, el parque infantil y el club social mejor de lo que te lo puedas llegar a conocer tú en toda la estancia.
Tras esto se harán amigos y no habrá manera de sacarles del camping cuando quieras salir de excursión y te costara un sofocón.
Pero por la noche, cuando te sientes al fresco, en una hamaca, Coca-Cola en mano, te sentirás extremadamente feliz, disfrutando de tus vacaciones.
Tus vástagos probablemente acabaran durmiendo cruzados en la cama que no les corresponde, después de una última, pero intensa lucha entre ellos, por organizar las camas de todos los allí presentes y decidir sin consultar a ningún adulto la distribución de las camas.
Y sí,  tener una caravana merece la pena, y para mi es sin duda la mejor manera de disfrutar de mis hijos y de las vacaciones.

Es algo así como cuando cuentas los sufrimientos y quebraderos de cabeza que dan los bebés al llegar a casa y aún así repetimos porque merece la pena. Pues lo del camping, salvando las distancias, igual.

3 Comentarios

  1. Jijijii! Qué bueno! Me siento totalmente identificada, con la diferencia que nosotros vamos en tienda, así que imagínate, montar tienda, tienda cocina, etc…. Pero lo que tú dices, ellos se lo pasan genial y al final merece la pena.

  2. Como me he reído al leerte! Nosotros no tenemos caravana… pero si la tuvieramos puedo imaginar mi llegada al cámping, y sera tal y como la has descrito!
    Ahora aún tengo más ganas de tener una caravana!

Me encantaría saber tu opinión sobre este tema. De todas formas ¡Gracias por leerme!