Balance dos años despues de llegar al pueblo

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Para muchas personas, irte a vivir en un pueblo tiene mérito. Eso es así, o si no pregúntale a cualquiera que viva en una ciudad. Puedes encontrar dos tipos de personas, las que valoran tu decisión y te admiran por atreverte a hacer lo que realmente quieres y te gusta, o los que no entienden que puedas vivir sin cine. Sí, sin cine, desde que nos vinimos aquí, siempre nos dicen, “ya pero en Madrid hay cine”. No entendemos el porqué, pero a la gente le da una tranquilidad pasmosa saber que cuando quieran pueden ir al cine. No vamos a discutir con nadie, ni a quitar la razón a nadie y menos a los cinéfilos, está claro que vivir en un pueblo tiene sus ventajas y sus desventajas, aunque ninguna de ellas tengan que ver con el cine. Por si alguien se ha quedado preocupado, diremos que cuando nos apetece vamos al cine a Soria. Que aunque hay que hacer unos cuantos kilómetros, vamos totalmente relajados y aprovechamos para dar un paseo por Valonsadero o el Collado que eso si que no lo tiene Madrid.

Pero coñas aparte, en un pueblo se vive bien, muy bien, por lo menos nuestro balance después de haber dejado Madrid hace dos años y habernos ido a vivir a un pueblo  en la provincia de Soria es totalmente positivo.

¿Qué es lo que echo de menos de Madrid? Os prometo que nada, absolutamente nada. En Madrid te acostumbras a una seria de cosas que no son para nada necesarias en tu día a día, y aunque crees que son esenciales no lo son en absoluto.  No tenemos cines, teatros, estadios de fútbol , ni grandes acontecimientos deportivos y  culturales.  Aquí lo que tenemos es tiempo libre, para un sábado irnos tranquilamente en familia a disfrutar de todo lo que antes teníamos en Madrid y apenas visitábamos por falta de tiempo. Tampoco tenemos McDonald, Telepizza, o supermercados que abren  hasta las 10:00 de la noche e incluso los domingos,  y que te salvan más de una cena después de un día agotador. Pero tampoco lo necesitamos, porque tenemos tiempo, y vamos a comprar en el horario laboral de toda la vida, y eso que aquí algunos comercios sólo abren hasta las dos, sí sï, ¡hasta las dos!, y aún así nos da tiempo de hacer la compra. Y aunque no podamos tomarnos una hamburguesa o una pizza prefabricada, vamos a cualquiera de los bares que hay por aquí y nos la tomamos recién hecha y casera. La pena es que a los niños no les dan un regalo para promocionar cualquier película que está en la actualidad en cartelera (si volvemos al tema cine) pero para compensar les regalan una sonrisa y toda la amabilidad de gente que les aprecia, y a veces hasta un huevo Kinder.

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Aquí tampoco tenemos coles con horarios de oficina que abren de 7 a 7, pero no los necesitamos. Tenemos coles públicos, comedor, transporte escolar para los niños que lo necesitan y un montón de actividades todas las tardes (algunas de ellas gratuitas) cómo informática, inglés , escuela de patinaje, escuela de futbol, juegos escolares….y lo que más gusta a todo los pequeños,  el parque, donde pasan las horas hasta que anochece. En verano sustituimos todo esto por la piscina, y la plaza del pueblo hasta altas horas de la noche.

Y he de ser sincera, en verano a penas podemos salir del pueblo, pero es que no hay manera de llevarse a los niños de aquí. Nada les apetece más que pasarse horas jugando en las calles del pueblo desde que son bien pequeños.

Al principio pensaba que habría cosas que echaría en falta, pero según han ido pasando los meses he visto que no es así, que no se necesitan muchas de las cosas que la sociedad y el marketing  nos ha obligado a creer que eran necesarias.  Y estoy orgullosa de que mis hijos crezcan en este ambiente.  En el que si quieren estar a la última sólo necesitan conectarse a internet, pero que enseguida desconecten porque en la puerta tienen unos cuantos niños esperándoles para ir a la plaza a jugar, y porqué no, cazar unos pokemon que aquí también tenemos.

Me encantaría saber tu opinión sobre este tema. De todas formas ¡Gracias por leerme!