35 otoños. 

2

Hoy cumplo 35 años y hago balance, balance de mi vida. Me doy cuenta de que tengo un marido al que adoro, dos hijos que me dan la vida y un tercer hijo en camino dispuesto a hacernos más grande el corazón y terminar el puzzle de esta familia. 

Además tengo mi familia de toda la vida, esa en la que caes, y que para mí es la más maravillosa del mundo. A la que quiero y a la que adoro y que además me quieren y adoran, y no sólo a mí, también a los míos, porque también son suyos.

Y soy feliz, intensamente feliz. Soy feliz de vivir, de tenerles, de quererles, y de disfrutarles. Tengo ganas de gritar al mundo que soy feliz. 

Soy feliz aunque mis hijos a veces no se porten como deben y aunque a veces les grite más de lo que debería.

Soy feliz aunque la otra mitad de mi infancia viva a miles de kilómetros de mí y no pueda verle a él y a su familia tanto como me gustaría, pero los siento presentes y cercanos cada día.

Soy feliz porque aunque se han marchado para siempre algunos de los pilares más importantes de mi vida y me he sentido desamparada, he aprendido a vivir por los que se han quedado. He aprendido a recordar todas las noches sus manos, su olor y cada rincón de su piel y de su hogar.

 Y a veces incluso siento su calor. Me han dado tanto en esta vida que aún me queda para seguir viviendo sin ellos aunque me duela. 

Soy feliz porque aunque la vida pase, y se me pase en un suspiro, lo único que me puede tirar abajo es perder a los que tengo aquí al lado. Mientras ellos estén, yo estoy. El día que alguno falte empezaré a marchitarme.

He aprendido a ser feliz con poco, aunque lo tengo todo. Les tengo a ellos, a mi familia. He aprendido que no quiero estar rodeada de gente que lo que quiero es estar rodeada de MI gente. 

He aprendido quién me quiere. Y aunque por el camino me ha dolido, he descubierto que aunque son pocos, son los que tienen que estar. Del resto desconfío. 

Algunos de los que quería se han perdido por el camino pero han llegado otros nuevos.  Con sus familias y sus historias. Con todos ellos río sus alegrías y lloro sus penas. Porque son mi gente y porque les quiero.

He vivido en 8 casas. He hecho 5 mudanzas y siempre he vivido en el mejor lugar del mundo. En el que quería estar en cada momento, donde estaba mi familia. 

He estudiado una carrera, me especialicé con un master y finalmente he buscado trabajo en algo que no tenía nada que ver con lo que me había preparado. He dejado mis estudios atrás por las dos personas por las que debo dejar todo en esta vida, y eso me ha permitido traer a una tercera al mundo. Todo esto lo he conseguido gracias a mi compañero de viaje al que quiero con locura. Esto se consigue teniendo un sueño en común. El nuestro.

Apenas he salido de España, 4 o 5 veces. Tuve a mis hijos pronto. Cuando el resto de mis amigos empezaban a vivir y yo tenía toda mi vida por delante (o eso pensaban muchos). Pero acerté y acerté de pleno. Ahora que podía volver a viajar, salir y disfrutar de la vida porque mis hijos son más mayores, o al menos eso es lo que piensan mucho, he decidido darles la razón y volver a disfrutar de la vida, así que hemos buscado al tercero. Volvemos a disfrutar de nuestra vida y de nuestra libertad. Junto a ellos. Porque lo son todo para mí. 

Mucha gente no me entiende. Por eso no me rodeo de ella. Mucha gente me entiende, por eso es mi gente, porque me quiere en mis decisiones, en mis ilusiones, en mis alegrías y en mis penas. Por eso soy feliz. Porque me encanta vivir rodeada de ellos.

Y por eso hoy sopló las velas feliz. Porque están aquí conmigo, por y para siempre. Por otros 35 otoños y los que haga falta.

2 Comentarios

Me encantaría saber tu opinión sobre este tema. De todas formas ¡Gracias por leerme!